Hace unas fechas, entre el 23 y el 25 de abril de este segundo año de pandemia, Atmósfera Literaria estuvo presente en la Feria del Libro de Pozuelo de Alarcón. Un acto en el que merece destacar el servicio prestado por el equipo de organización del evento, el mal tiempo y, sobre todo, el mal planteamiento que de él hizo la autoridad competente.

La Feria del Libro es un acto cultural

Deberían conocer estos señores que una Feria del Libro es un acto de mayor enjundia que la mera colocación de casetas. Las editoriales y libreros ofertan sus productos en lo que debe constituir un acto cultural, más que un mercadillo de baratijas.

La Feria del Libro de Pozuelo debe trascender del mero hecho comercial. Debe considerarse un evento ideado para la difusión de la Cultura. En ella, el lenguaje y el trabajo de los autores contribuye a la expansión del conocimiento. La Cultura es universal y, por ello, el comprar libros y leerlos es un acto sublime, acto que debe complementarse con otras actividades culturales que realcen su importancia. Así, echamos de menos muchas cosas.

La feria debe localizarse en un espacio acotado y cerrado en el que concentrar a las personas interesadas en estos temas. Localizarla en un paseo con dificultades de aparcamiento, rodeado de bares y restaurantes repletos de personas que vienen a tomar el aperitivo y darles rienda suelta a los niños no es el adecuado. Mucho menos si, como hace dos años, organizaron la actuación de payasos y saltimbanquis con no sé qué abyecto fin. Entonces, el resultado fue una feria donde libreros y editoriales ofertaban sus productos y realizaban sus actividades entre el correcorre de niños y unos payasos que venían a las casetas a mostrarnos sus gracietas.

Leer un libro supone regocijarse en el conocimiento de nuestra cultura

Este año, suerte divina, no nos vimos afectados por espectáculos colaterales de distracción. Sin embargo, echamos de menos las ponencias de distintos autores y editores, presentaciones de libros, cursillos de escritura creativa o de compresión lectora; actividad muy desatendida por los planes educativos actuales.

El conocer a nuevos autores, las nuevas tendencias literarias, estilos, propuestas y los recovecos por los que se está desarrollando el acto literario son actividades que, no sólo complementan el hecho de escribir, sino que hacen que escribir y leer cobre el verdadero sentido que merece. Nada de esto se consigue si no forma parte de la feria o se proponen distracciones que en nada ayudan a centrarse en la misma y en la que, además, los ciudadanos no acuden porque no disponen de sitio en el que dejar sus automóviles.

Leer un libro supone, aparte del entretenimiento, educarse y regocijarse en el conocimiento que nuestra cultura hispana implica. Es un acto de elevación extraordinaria y requiere que una feria que pretende ser un homenaje a la lectura lo contemple y le dé el prestigio que se merece.

Por ello, un evento literario debe ser comprehensivo e incluir todas las actividades que le den sentido. En tanto y en cuanto nuestra Feria del Libro de Pozuelo carezca de todos sus complementos, no será más que una reunión de chamarileros y una pérdida de tiempo y de dinero.

Luife Galeano