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Edición no es corrección (y también es vital)

Luego de aceptado un manuscrito, este pasa por un proceso de corrección y mejoramiento hasta convertirse en la versión final que irá a imprenta. Consiste en varios pasos, en los que cada editorial establece su propio diagrama de flujo. No obstante, los pasos mínimos para obtener un texto de buena calidad son la edición, corrección de estilo, corrección de primeras (o de ortotipografía) y revisión final de galerada por parte del autor y el editor.

Esto no quiere decir que deba comenzarse de un borrador en bruto de la obra, porque es responsabilidad del autor entregar a la editorial —si desea que esta lo acepte— un manuscrito lo más pulido posible. Muchos editores consideran un elemento a favor en la evaluación que el trabajo de corrección y edición de la obra no tenga demasiadas complicaciones.

El diagrama de flujo

El manuscrito debe seguir el diagrama de flujo de su corrección, en la que es usual que participe un profesional diferente en cada paso. La razón es muy sencilla: a) cada revisión busca atajar un problema diferente, b) ningún corrector tiene el dominio de los elementos de la lengua al 100%, c) cada par de ojos frescos son capaces de detectar nuevos errores.

En detalle, los pasos a seguir son los siguientes (y estos son los pasos que sigue nuestra editorial):

  • 1.- recepción del manuscrito en la editorial.
  • 2.- evaluación y/o informe de lectura.
  • 3.- si rechazado, notificación al escritor.
  • 4.- si aceptado, propuesta de publicación / firma del contrato
  • 5.- revisión ortotipográfica
  • 6.- revisión léxica y sintaxis
  • 7.- edición: tiempo, registro y ambiente histórico
  • 8.- edición: la historia, narrador
  • 9.- edición: coherencia y cohesión del texto
  • 10.- consenso del manuscrito con autor
  • 11.- congelación del texto final y envío a maquetación
  • 12.- diseños y artes finales de cubiertas / marcapáginas
  • 13.- primera prueba de galeras. Ver que no hay fallos de maquetación y revisión de errores no vistos con anterioridad.
  • 14.- envío de correcciones al maquetador tanto del texto y de la cubierta, si los hubiere.
  • 15.- segunda prueba de galeras o texto definitivo con líneas de corte y que será la base para la impresión.

Durante la edición y la revisión de estilo se trabaja en formato electrónico en aras de la velocidad y la facilidad de corregir los errores de forma inmediata. Luego de maquetado, el libro pasa una verificación final de galerada también en soporte electrónico, añadiendo en fichero aparte las correcciones al maquetador estableciendo página, línea y dos columnas, en la que se refleja ‘donde dice’ y la segunda estableciendo ‘debe decir’.

Este es un proceso que muchos autores confunden y no le dan la importancia que merece.

Edición no es corregir

Antes de tener en pantalla una prueba de galeras, el editor habrá tomado las siguientes acciones:

  • Se comprueba que registro de la lengua es adecuado a la intención del texto, haciendo las adaptaciones correspondientes. En este paso se analizan los localismos y regionalismos, adaptándolos a los de la audiencia-objetivo.
  • Se detectan inconsistencias en el contenido, así como la claridad y eficacia de la estructura del texto. Puede llegar a ser necesario reordenar fragmentos para que transmitan de forma más efectiva la historia.
  • Se detectan errores de concepto, anacronismos, inconsistencias internas y problemas de contenido.
  • Se establecen para los correctores los criterios que la obra requiera en cuanto a asuntos ortográficos, tipográficos, léxicos y gramaticales (manual de estilo).

En esta etapa el editor trabaja junto con el autor en aras de que la obra gane en claridad y precisión. Nótese que esto implica un nivel de negociación importante entre ambos con respecto a la obra, y ayuda a subsanar errores de la historia que, de otra manera, serían detectados solamente al nivel del lector.

También llamado informe de lectura editorial, esta revisión exhaustiva se hace ANTES de la corrección del texto, pues la mayoría de las veces requiere reescritura, eliminación o incorporación de fragmentos de texto. Por ello, una vez cumplidos los requerimientos de la edición y pasado el texto al corrector, no debe hacerse ningún cambio mayor al manuscrito.

La edición también analiza el estilo

Durante el proceso de edición del manuscrito es muy probable también que el editor, gracias a su experiencia, sugiera cambios al estilo del autor para enriquecer el texto. Aunque el corrector también los realizará, es fundamental que el autor considere de manera cuidadosa y con el debido respeto las sugerencias de su editor. Al fin y al cabo, este actúa en el mejor interés de la obra y es el que conoce, por experiencia previa, lo que la audiencia espera del tipo de género al que pertenece el manuscrito.

Así, durante la corrección de estilo pueden señalarse:

  • Errores e imprecisiones de vocabulario.
  • Sugerencias para aumentar la riqueza léxica.
  • Muletillas y vicios léxicos.
  • Errores gramaticales.
  • Inconsistencias sintácticas de concordancia, correlación de tiempos verbales, preposiciones, etc.
  • Recursos sintácticos para dar fluidez y adecuación al texto.
  • Puntuación más adecuada según las normas de la lengua.

El paso final: la prueba de galeras

En la actualidad, esta primera galerada se envía también en formato electrónico, pero ya maquetada y tal como saldrá el libro. Esta es la última oportunidad para detectar gazapos, así que es necesario revisar cuidadosamente si:

  • Se introdujeron los cambios de las correcciones anteriores.
  • La maqueta no se ha alterado con respecto a la última revisión.
  • Todos los elementos gráficos tienen la calidad suficiente.
  • Si el texto se publicará de forma electrónica, que todo el maquetado se ha realizado de forma adecuada y los enlaces funcionan (si los hubiese).

A estas alturas, la cantidad de gazapos detectables debe ser mínima, aunque por experiencia propia, no importa cuán cuidada sea la edición, siempre habrá un lector que encuentre una coma mal puesta. Pero no es lo mismo una edición seria, con un par de pequeñas pifias humanas cada centenar de cuartillas, que un manuscrito en bruto con diez errores por página. En el primer caso, el lector se congratula por su sagacidad y dominio de la lengua. En el segundo, lo más probable es que condene al libro, al autor y a la editorial, al sueño del eterno olvido.

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