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Para el escritor, uno de los momentos más felices es el anuncio del lanzamiento de un libro.

Ya sea autopublicado, coeditado o preparado por una editorial tradicional, detrás de ese instante hacen fila muchas horas de escritura, reescritura, sesiones con lectores cero y editores, corrección de galeras, aprobación de portadas y mil elementos más que hacen que el libro pueda salir a la luz como un producto al alcance de los lectores.

Con la alegría se llegan a olvidar incluso las zozobras: ¿se venderá bien? ¿tendrá buena acogida por el público? ¿la crítica lo hará talco o lo elevará a categoría de obra maestra? De momento, lo único que importa es que el libro esté ahí, sea en físico o en digital, listo para entrar al ruedo.

Es entonces que muchos autores respiran aliviados y se desentienden de su obra, cuando en realidad el lanzamiento es el momento más crucial.

Durante algunas semanas previas y unas pocas después, la obra recibirá todo el apoyo y los recursos de la editorial en cuanto a mercadotecnia, promoción y distribución. Pero si el lanzamiento del libro no es exitoso, irá a engrosar las filas de los miles de títulos que salen a la luz cada año sin pena ni gloria, perderá espacio en las vidrieras en quince días y —Dios no lo quiera y el escritor no lo permita— terminará ocupando espacio en un almacén hasta ser vendido a precio de liquidación.

O en el trastero del autor, que no es lo mismo, pero es igual.

No hay segundas oportunidades para causar primeras buenas impresiones

Es un hecho: si la novela se vende bien durante su lanzamiento, tiene buenas oportunidades de seguirse vendiendo bien. Cuando un editor elije una obra entre todo el caudal que recibe no sólo evalúa su calidad literaria, sino su factibilidad económica. Así que un lanzamiento exitoso es un aliciente para seguir insistiendo en la visibilidad de la obra.

El autor y su prestigio tienen mucho que ver en el lanzamiento. La editorial va a traer a la mesa del banquete a los lectores que la siguen, pero el escritor aporta los lectores que lo leen. La conjunción de estos dos grupos no sólo implica más lectores y compradores de la obra, sino también gente que la va a difundir y reseñar si les gusta. Ergo, más lectores. Ergo, más ventas.

Para que esa maquinaria funcione es necesario que el lanzamiento genere expectativas y, en ello, la editorial y el autor deben trabajar unidos. La fecha de lanzamiento habrá de ser fijada con semanas —mejor, meses— de anticipación, durante las cuales se irá creando un estado de opinión en los futuros lectores.

Esto debe responder a un plan bien coordinado y una estrategia de marketing editorial. Es cierto que, durante este período, el escritor y la editorial estarán centrados en la revisión del manuscrito y la corrección de las galeradas, pero aun así deberán hacer tiempo para planificar y ejecutar la estrategia de lanzamiento.

¿Por qué falla un lanzamiento?

Hay muchas formas en que un lanzamiento puede terminar en fiasco. No será culpa de la propia obra, sino de la forma en que se presenta. La editorial va a poner en ello todo el músculo que pueda, pues su dinero está en juego. Pero el autor no puede quedarse en casa sentado en una mecedora.

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El lector es el último que se entera

El error es pensar que la propia publicación es el final del camino, cuando ésta es sólo un paso intermedio. Un libro no cumple su objetivo si no llega a sus lectores, y ellos son su razón de ser; pero muchos autores sólo se acuerdan de su público cuando el libro es una pieza terminada.

Decir, “¡miren, tengo un nuevo libro!” y sacarse un enlace de compra de la chistera no emociona a nadie, tengas el renombre que tengas. Eso lo saben muy bien los autores de prestigio: por poner un ejemplo, un best seller como el “El italiano” de Arturo Pérez Reverte comenzó a anunciar su salida, de cuatro a seis meses antes. Ojo, no sólo la publicitó su editorial, sino que él mismo le dio amplia cobertura en la prensa y sus redes sociales.

En un escenario ideal, se puede empezar a publicitar un libro incluso desde el momento en que se escribe el manuscrito. Si se dispone de una comunidad que sigue al autor, éstos vivirán el proceso de escritura, las cuitas para encontrar editorial, la alegría de firmar un contrato, los sinsabores de la corrección y el triunfo de ver la obra hecha realidad.

Estarán tan involucrados emocionalmente con el libro que serán, por supuesto, los primeros en comprarlos: ellos sabrán de todo el trabajo realizado y adquirirlo será la forma de manifestar su apoyo. También en la comunidad se puede concentrar a un grupo de lectores cero, que se encargarán de encontrar los agujeros en la trama, pero también podrán reseñar la obra en las plataformas de venta, animando a otros a que compren el libro.

Claro, formar una comunidad fiel llevará su tiempo y mucho esfuerzo. Por eso, es mejor empezar cuanto antes, utilizando la página de autor como cuartel general. 

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No es una carrera de velocidad

Sin bien es cierto que escribir y preparar un manuscrito es un proceso de meses o años, las prisas editoriales no son buenas.

Ahora bien, en materia de preparación para el lanzamiento, las prisas no son buenas. Es mejor fijar una fecha para la salida del libro que de un cómodo margen para crear expectativa sobre el tema en la comunidad: ni tan lejano que los lectores se aburran, ni tan cercano que no genere interés.

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Sea realista y objetivo con el lanzamiento

Los escritores son soñadores natos, y uno de esos idilios dorados es que, en cuanto el libro sale a la venta, los lectores se lo llevarán como pan caliente.

No se decepcione, ya que esto no sucede por obra y gracia del Espíritu Santo. El público lector no es la inmensa mayoría de la población y, dentro de éste, el género literario del libro tendrá un número más o menos finito de seguidores. Tampoco el autor es el único en ese género, así que las cifras no son propicias para que le caiga de repente un río de oro sobre la cabeza.

Las ventas durante el lanzamiento dependen de qué tan grande sean las comunidades de la editorial y la propia. También de cuán efectiva haya sido la campaña de lanzamiento, y cuántos de los lectores potenciales muestren un interés real en adquirir la obra.

Esas cifras serán medibles si dispone del dato del número de visitas a la página de autor y a las redes sociales, el número de seguidores, la interacción que la campaña haya generado, la base de datos de suscriptores por email y muchas métricas más que se pueden utilizar para estimar las ventas.

Estos números sirven, además, para que la editorial haga un estimado de la cantidad de ejemplares físicos que debe preparar y distribuir para el lanzamiento de la obra. Si las ventas superan las expectativas, felicidades y se hace una segunda tirada a la carrera, que las capacidades técnicas para ello están más que disponibles.

Aunque no lo parezca, esta estrategia de tiradas limitadas es muy común en el mundo editorial, en especial en las casas independientes. Porque lo que resulta verdaderamente desastroso desde el punto de vista económico es preparar varios cientos de ejemplares, que no se venderán y que habrá que liquidarlos a precio de risa, en detrimento tanto del autor como de la editorial.

(Continuará)

Álex Padrón