En literatura, la atmósfera literaria es un término que se emplea para describir el estado de ánimo creado por el autor a través de la configuración, el fondo, los personajes y eventos dentro de una historia. A través de ella, el lector recibe impresiones subconscientes sobre lo narrado, que le inducen ciertos estados de ánimo.

Por simple que parezca, la atmósfera es vital para lograr que el lector se adentre en la historia que se le cuenta y es, en esencia, lo que separa la lectura de una obra literaria de un libro de texto o un informe de trabajo.

¿Cómo se crea la atmósfera literaria?

La atmósfera literaria se crea seleccionando las palabras adecuadas y la estructura de las oraciones para generar una emoción. La atmósfera literaria es una herramienta eficaz para transformar el subtexto de la escritura.

En la forma en que el autor describa una escena hay información implícita que otorga profundidad a la narrativa. Interviene mucho el propio ánimo del escritor en el momento de llevar sus ideas al papel. Pero también su habilidad para que este se replique en el lector y dar significado emocional al conjunto.

Una obra literaria dista mucho de una fotografía, a pesar de que ambas tienen un escenario establecido. Este va a interaccionar con los personajes de la obra a través de los códigos del género que se trabaje y la intención del autor, generando emociones y estados de ánimo propicios en los personajes para que la obra llegue de forma más directa al lector.

Todo esto tiene el objetivo final de jugar con la psicología para crear una experiencia de lectura de total inmersión. En otras palabras, para que no podamos quitar los ojos de las páginas y comencemos a vivir en nuestra imaginación la trama que se nos presenta.

La descripción y la atmósfera literaria

Entre toda la panoplia de recursos de que dispone el escritor, la descripción es una de las más efectivas para generar la atmósfera literaria.

Un error frecuente en el que caen los autores menos avezados es hacerlas o muy detalladas o demasiado someras. Lo mejor es concentrarse en trasmitir la idea, la atmósfera que el escenario provoca. Con los detalles y colores justos para despertar emociones en personajes y de esta forma en los lectores.

Aquí no hay pautas de manual y cada escritor tiene su propio estilo, pero debe aplicarse el sentido común. Si una descripción no se relaciona a la trama, define a un personaje o no despierta un estado de ánimo, es mejor eliminarla. No está contribuyendo a la atmósfera literaria.

Cómo describir desde lo emocional

¿No te ha pasado que luego de tres líneas de descripción decides saltar todo el párrafo hasta la siguiente línea de diálogo? Si ese comportamiento es lo que la obra genera en tu audiencia, algo está fallando.

Está claro que escritores como Emilio Salgari lograron el éxito y la trascendencia gracias a las contundentes y atractivas historias de aventura que planteaban. Pero sus párrafos de descripciones más que exhaustivas —a veces hasta el punto de disgregarse de la trama— eran su punto flaco. En su caso específico, más que una cuestión de estilo era un truco para engordar sus manuscritos y cobrar más.

Crear la atmósfera literaria que deseas de la forma más efectiva:

  • No te andes por las ramas: sé específico y comunica sin abusar de la paciencia del lector.
  • Evita los lugares comunes y las frases hechas: aunque en su momento fueron revolucionarias, emplearlas es sinónimo de facilismo y ya no generan las mismas emociones en el lector. Juega con las palabras para definir tus escenarios de forma distinta y original.
  • Usa los recursos a tu disposición: crea escenarios únicos a través de tus propias metáforas, musicalidad, palabras significativas, recursos gramáticos, ritmo, símiles y tu sello personal. ¡No aburras!
  • No describas en bloque: soltar una parrafada de descripción aumenta las posibilidades de que el lector se la salte hasta el siguiente diálogo. Alterna la descripción con la trama y los personajes, para ir creando la atmósfera literaria de forma orgánica.
  • No mates la acción: Si un elemento del escenario no aporta nada, no lo describas. Si mueves el foco de atención hacia un objeto, asegúrate que luego tendrá relevancia en la trama. Este principio se conoce como el arma de Chéjov: “cada elemento en la narración debe ser necesario e irremplazable, o de lo contrario debe ser eliminado”.
  • No hagas trucos de magia: En la misma línea de pensamiento que lo anterior, si un elemento de la escenografía tendrá relevancia en la historia descríbelo antes. Esto no vale para un objeto oculto por un personaje. Pero si en una habitación hay un cuchillo de carnicero encima de la mesa, será lo primero que va a saltar a la vista en una descripción.
  • Utiliza los cinco sentidos: como seres humanos, percibimos lo que nos rodea con los cinco sentidos. En la literatura se tiende a describir lo visual. Pero para conectar al lector con la atmósfera y despertar emociones se debe apelar también a lo que oye, huele, palpa y gusta el personaje.

Entorno y escenario en la creación de la atmósfera

Otros recursos para crear la atmósfera son el entorno y el escenario conde se desarrolla la trama.

Por entorno nos referimos a ubicar al lector en el lugar geográfico, marco social, nivel cultural, periodo histórico y situación política en el que se desarrolla la historia. En ocasiones una narración puede funcionar de forma inespecífica y atemporal. Pero especificar el dónde y el cuándo se cuenta la historia desde los primeros capítulos de la novela ayuda al lector a entrar en situación.

El escenario, el lugar físico de la trama, también es de vital importancia. Ya sea estático o que se vaya variando a lo largo de la historia, los personajes van a interactuar con él. De lo que se infiere que van a comportarse de forma diferente en dependencia al lugar donde se encuentren.

La suma de todas las partes

En palabras de Cortázar, la atmósfera literaria es “esa aura que pervive en el relato y poseerá al lector”. Ya sea cómica, violenta, tranquila, amenazadora, misteriosa, agobiante o de cualquier otro tipo. Es nuestro trabajo como escritores crearla de modo tal que el lector la perciba, se adentre en ella y la viva como propia.

Entonces, la combinación de las descripciones, la ambientación y la subjetividad que estos elementos provocan en los personajes se concreta en la atmósfera literaria. Esa que ve el mundo como un todo y nos compele a perdernos en ella.