Las tildes y sólo

Hace escasas fechas, el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte comentó sobre la necesidad de la tilde sobre la palabra ‘sólo’ cuando se trataba de un adverbio. Lo cual contraviene la recomendación de la RAE, a la que pertenece.

La consulta realizada a la Real Academia por un particular giraba en torno a si existía alguna excepción a la norma que rige la palabra ‘solo’. La institución, inflexible en su dictamen, contestaba:

El uso de la tilde en la escritura del adverbio ‘solo’ no está justificada y nuestra recomendación es no escribirlo nunca con tildes.

Las tildes, contra toda bandera

Pérez-Reverte dejaba claro que, siendo miembro de la RAE desde hace dieciocho años, consideraba que existen situaciones en las que es necesario el uso del adverbio «sólo», con tilde.

A veces lo es, para mayor eficacia y claridad. Porque una cosa es la teoría, y otra darle a la tecla cada día.

Arturo Pérez-Reverte

 

 

 

 

 

 

El debate lleva más de diez años sin cerrarse y la recomendación de la RAE no llega a asentarse en el mundo de las letras. Muchos se oponen a la acentuación dictaminada por la institución y se declaran partidarios de tildarla cuando la palabra equivale a solamente, para evitar malentendidos.

Las tildes: opiniones divididas

El jurista de la Academia, Santiago Muñoz Machado, reconoció en una entrevista que la Academia:

“…no estaba dividida por el rechazo al lenguaje inclusivo, pero sí por la tilde del adverbio sólo y de los pronombres demostrativos (como éste). Hace diez años que se promulgó la recomendación de no tildar y, caso curioso, fue aplicada de inmediato por los medios de comunicación y editoriales en sus libros de estilo, mientras un grupo de académicos se negaba a comulgar con su propia norma, y así siguen.

Santiago Muñoz Machado

En su contestación a la RAE, Pérez-Reverte hacía referencia a otra batalla lingüística que mantiene con los pronombres demostrativos éste, ésta, éstos y éstas. De nuevo, frente a la norma dictada por la RAE de no tildar nunca, pero el autor sí recomendaba incluir la tilde.

 

Y no es el único. Luis Mateo Díez, académico en la silla I manifestó en su día:

Fue innecesario. La tilde es contundente. Lo de antes estaba mejor que lo de ahora. Seguiremos insistiendo. Sería el colmo que todos asumiéramos esa norma: es bueno que no estemos de acuerdo.

Luis Mateo Díez

Este académico es uno de los doce académicos (de un total de 43), que se resisten y ordenan a sus editoriales que mantengan la tilde en sus libros, a pesar de la recomendación comunicada en 2010.

Algunos prefieren morir con las tildes puestas

Francisco Rico, quien ocupa la silla p dice que la tilde le ayuda a aclarar y distinguir.

No me preocupa. Yo la mantengo y no hay ninguna razón para cambiar. No soy muy académico, pero cada académico lleva su camino propio, incluso para enfrentarse a la RAE”.

Francisco Rico

 

 

 

 

Otro escritor y académico, Javier Marías, aclara que se produjeron comentarios en contra de la Nueva Ortografía no respondidos por el director general de la RAE Gutiérrez:

Yo mantengo la tilde en ‘guión’ y en ‘sólo’, entre otras. No voy a hacer caso de lo que diga un filólogo, con todos mis respetos. Para mí son medidas absurdas que han generado mucha confusión. Los creadores no pretendemos tener la última palabra, pero sólo faltaría que nosotros no pudiéramos escribir lo que nos diera la gana. Y en la RAE cada cual atiende a las reglas con las que está de acuerdo. La Nueva Ortografía no me parece acertada, así que no seré dócil ni asumiré lo que mandan ellos. Confío en que un día eso se rectifique por el bien de la lengua española”.

Javier Marías

 

 

Los poetas Pere Gimferrer y Francisco Brines nunca han renunciado a la tilde. Otros insignes escritores como Luis Goytisolo o Mario Vargas Llosa también se aferran a ella. Tampoco ni José Luis Sampedro, ni Francisco Nieva defendieron la nueva pauta.

Nosotros, fieles a las tildes

En la editorial Atmósfera Literaria nunca nos plegamos a esta recomendación, ya que entendimos que el lenguaje debía escribirse de manera que no presentara confusión alguna al lector.

Es más, consideramos que excluir las tildes era una forma de dejadez del lenguaje que revertía en la verdadera comprensión del mismo. Este hecho pudimos comprobarlo cuando, al preguntar a algunos escritores que nos sometían sus manuscritos a consideración, éstos no sabían distinguir cuándo era necesario tildar y cuándo no.

Por tanto, en la editorial, en nuestro libro de estilo, mantenemos las reglas de acentuación tal como figuraban antes de la recomendación de 2010.

Pero vamos más lejos. Una declaración que nos decidió por mantener la ortografía anterior fue aquella en la que varios lingüistas de la RAE que comentaban que una interpretación literal de la norma de 2010 autorizaría a prescindir o no de la tilde.

Entonces, señores académicos proclives a la supresión, ¿qué sentido tiene revisar lo que funciona? ¿No sería preferible enseñar de forma correcta el español y no facilitar la ortografía a aquel que no se esfuerza en aprender y comprender nuestra lengua?

Cerremos pues este tema con una reflexión del académico Pérez-Reverte, en la que manifiesta:

Los Amos del Mundo de Arturo Pérez-Reverte (Artículo ...

Sólo opino que no estoy solo cuando escribo sólo con tilde, lo que hago sin complejos cada vez que lo necesito; algo que, como escritor profesional que soy, me ocurre a menudo. A mí me enterrarán con las tildes puestas, demostrativos pronominales incluidos, que ésa es otra.

Arturo Pérez-Reverte

 

 

 

A nosotros también.

Luife Galeano