Luife Galeano presenta El fetecún de los tronadosVoy a explicar cómo escribo, qué busco y, desde luego y aunque parezca desacostumbrado, cómo se leen mis libros.

Mi escritura pretende ser universal en lo cotidiano. Mis historias y personajes son dramas marginales de la vida real, que ocurren mientras los medios nos cuentan otras cosas de mayor enjundia.

Siempre que escribo, lo primero que busco es saber cuál es el conflicto de mi personaje. Luego lo coloco en el inefable ambiente cubano o, alguna que otra vez, en el no menos peculiar ambiente carpetovetónico en el que los programas televisivos se empeñan en contarnos la vida de los demás. No hay mejor caldo de cultivo literario que el de esos escenarios capaces de elevar lo cotidiano e irrelevante a escala universal.

En definitiva, mi literatura es la de un cubano que se define por ser una persona que lleva la sonrisa por bandera, es osado hasta lo ridículo y que, mientras escribe, sangra por dentro. Dicho todo esto, puedo afirmar sin temor a equivocarme que ya pueden leer mis libros sin dudas ni aprehensiones. Si todavía no lo tienen claro, no importa: léanlos y verán que se divierten.

A lo que vamos: El fetecún de los tronados

Decía un autor de la editorial que una presentación literaria era un acto intelectual, pero también comercial: la intención primordial era vender el libro y no le faltaba razón. Así que paso al autobombo.

El libro que hoy les presento se basa en cuatro conflictos humanos: el primero es decidir si traiciono o libro a un amigo de una persecución. El segundo es si me voy a dedicar a algo sin un claro objetivo o propósito. El tercero consiste en saber si vivo como un pelele a la sombra de una famosa como forma de vida. Por último, en el conflicto de si me dedico a promocionar una actividad con oscuras intenciones al margen de la realidad.

En ese sentido, conoceremos a Facio, un chulo inspirado en el famoso proxeneta Alberto Yarini. Él fue inmortalizado por un entierro al que asistieron diez mil personas. Discursó un senador. El presidente de la república envió su carruaje para llevarlo hasta el cementerio de Colón. Facio, por el contrario, buscaba mocitas por la terminal de ferrocarriles de La Habana para embaucarlas. Luego las llevaba hasta el burdel que regentaba. Presionado por el Directorio Revolucionario, se vio abocado a delatar al policía, amigo circunstancial que se hacía de la vista gorda a cambio de informaciones, justo en los últimos días del año 58.

También se deleitarán con las vicisitudes de una famosa congresista de hablar rimbombante. Ella, junto a sus amigos tertulianos —trabajadores en una revista que publicaba artículos insulsos—, mientras esperaban la directriz superior sobre los contenidos, decidieron matar el tiempo comercializando otros artículos de primera necesidad en la bolsa negra.

O de la historia de Falo, un reportero gráfico en el exilio ya amortizado por la crítica española. Invitado por el agente literario de una candidata al Premio Planeta a desenvolverse como el fogoso amante (el arrebato del Caribe, gigoló exuberante), se dedica a deambular por los garitos del famoseo nacional como forma de promocionar a la potencial ganadora.

Por último, un homenaje a nuestro martilleante punto guajiro, inmortal continuador del repentismo decimero. En esta historia verán cómo el delegado de Murga Sinú, un distrito de la heroica Jagüey Grande, se empeña en promocionar al incipiente conjunto musical El Trío del Sinsonte. Su mejor opción es la Emulación del Punto Guajiro en Matanzas. De allí, esperan llegar a conquistar los grandes escenarios mundiales con no se sabe qué propósitos, ante la posibilidad de integrarse en el intercambio cultural.

Todos estos personajes se verán inmersos en una descomunal fiestoca de la que no saldrán muy bien parados. De ahí el título de la obra: El fetecún de los tronados. La fiestoca (la fiestuqui en versión española popular) de los tronados.

¿Por qué ese título?

Para los que no lo sepan, tronar a una persona es despedirlo de su puesto de trabajo o desempeño en las instituciones. Es un término entre el despido iracundo y fulminante de un caído en desgracia y el relevo de una persona incompetente.

Es algo tremendo, como las tormentas tropicales, en la que la destitución es equivalente a recibir una lluvia de truenos. Por ese motivo en la portada aparece una calavera como resultante de soportar ese descalabro absoluto. No representa otra cosa. No sean malpensados.

Como podrán imaginar por la somera sinopsis, todos los conflictos giran alrededor de los conflictos personales. Pero surgen de una duda esencial: ¿hasta dónde se puede llegar sin morir en el intento? Todo ello contado con humor, sin inquinas ni rencores. Porque la vida es así; un continuo ir y venir dentro de un fetecún en candela, en el que unas veces se gana y otras se pierde.

Para los victoriosos, siempre quedarán los despojos. Por el momento, disfruten de El fetecún de los tronados, truénense y piensen que, al final del camino, siempre encontrarán un pote repleto de oro.

 Luife Galeano ha publicado también con Atmósfera Literaria Período de paz en tiempos especiales , Como guarandol de a peso y Liberación prolongada.