Trama y argumento son dos términos que tienden a usarse como sinónimos, cuando en realidad reflejan dos aspectos diferentes de una obra literaria. Muchos escritores experimentados las utilizan de forma instintiva, pero siempre es útil definir ambas a priori antes de escribir la historia: tenerlas claras permite avanzar con paso seguro en la escritura, sin perdernos en rodeos innecesarios.

Ya seas escritor de mapa o de brújula, te invitamos a reflexionar sobre estos importantes elementos esenciales para atrapar la atención de tus lectores.

Trama vs argumento

En literatura, definimos la trama como el conjunto de elementos narrativos que están interconectados en una obra. A saber, estos elementos son:

  • los personajes y sus motivaciones
  • el contexto
  • el narrador
  • la acción

La forma en que estos componentes se unen da lugar a la trama.

Por otra parte, el argumento es un resumen somero de la obra en cuestión, normalmente simplificado en no más de un par de oraciones. Si nos preguntan “¿de qué va el libro?”, responderemos en pocas palabras con el argumento.

Por ejemplo, si se nos pide el argumento de Lolita, el clásico moderno de Vladimir Nabokov; podría decirse que es la historia de la obsesión sexual de un hombre de edad madura enamorado de una adolescente llamada Lolita.

Sin embargo, la trama aporta más detalles: Durante la década de los años 50 del pasado siglo en los Estados Unidos, Humbert Humbert, un maduro profesor de literatura, se enamora de una niña de doce años, llamada Lolita. Para estar cerca de ella se casa con su madre, convirtiéndose en su padrastro. Su nueva esposa descubre su obsesión y, fuera de sí, abandona la casa y muere atropellada, dejando a Lolita a merced de Humbert.

Así, el hombre y la chica inician un largo viaje por parte del país. Para Humbert, es la oportunidad perfecta para que con la familiaridad se consume la relación carnal que añora. La novela es narrada a través John Ray, Jr., un psicólogo que recibe el manuscrito de Humbert Humbert explicando su ordalía, luego de morir en la cárcel por una trombosis coronaria.

Como puede observarse, al explicar la trama hemos ofrecido detalles sobre los personajes y sus motivaciones, el contexto geográfico e histórico, el narrador de la historia y la acción que se desarrolla. Todo esto permite tener una idea más precisa de que trata esta controversial obra.

Tramas y subtramas

De esta forma, las tramas pueden clasificarse en:

De resolución: cuando el protagonista llega a una solución favorable —o no— al conflicto presentado en la historia.

Paralela: cuando se cuentan dos o más historias y existe un nexo común a ellas, ya sea en el desarrollo o en el desenlace de la historia. Estas tramas paralelas pueden ser o no lineales en el tiempo.

De revelación: esta trama se manifiesta cuando la historia principal termina o se resuelve por causas que sobrepasan los esfuerzos de los protagonistas.

Están presentes en todos los géneros de la narrativa, incluyendo la poesía, el cuento y la novela. En esta última, debido a que las tramas son mucho más complejas en una obra de la extensión de una novela, pueden aparecer subtramas o historias secundarias que enriquecen el relato principal.

Aunque la subtrama no forma parte directa de la historia principal, la enriquece y añade información que permite al lector entender las motivaciones de los personajes, las circunstancias en las que discurre la historia y el contexto en el que se desarrolla.

Un ejemplo de subtrama sería una línea temporal en la que se cuenta el pasado del personaje protagónico: no es imprescindible para seguir sus peripecias en el presente, pero permite entender el porqué de sus acciones.

Creando tramas atractivas

La trama es el vehículo a través del cual el lector va a recibir la historia que queremos contar. Por ello, que debe planificarse cuidadosamente antes de empezar a escribir y siempre debe ser en función de nuestro público.

Como autores, tendemos a crear tramas complejas y detalladas en nuestras novelas. Si bien es cierto que el escritor debe imaginar todos y cada uno de los detalles concernientes a su universo para aportar credibilidad, no siempre todo lo que pensamos necesita salir a la luz.

En ese sentido, mi opinión personal es seguir la teoría del iceberg de Ernest Hemingway: como autor conozco cada detalle posible, pero sólo presento aquellos que tendrán relación directa con la trama. Atiborrar al lector de personajes y datos irrelevantes hace que este pierda el interés en la historia: a no ser que la narración lo requiera, es preferible una trama sencilla a una maraña con pintas de nudo gordiano.

La trama debe prestar atención a resaltar y ligar los cuatro aspectos principales de la estructura narrativa: personajes, espacio, tiempo y narrador. También ha de contener elementos que la hagan atractiva, así que debe balancear cambios de foco del narrador, giros inesperados, intriga, suspense y todos los elementos que necesite nuestra obra, en función del género en la que se enmarca y lo que el lector espera de ella.

Por supuesto, la trama debe conducir a un final coherente, que resuelva el conflicto planteado y que se inserte fluidamente en la narración.

Álex Padrón