el borrador no es la obra

En el proceso editorial, dos de los pasos más importantes son la evaluación y corrección de los manuscritos. De ellos depende primero que la obra sea aceptada y luego que se convierta en un producto con la calidad suficiente para ser apreciada por el público lector.

Contrario a lo que muchos escritores creen, el trabajo del editor no es corregir un borrador. Si bien es cierto que este puede recomendar cambios de estructura y estilo y señalar los errores que tiene el manuscrito una vez aceptado, es responsabilidad del autor —diría que incluso redunda en su mejor interés— el entregar un texto lo más pulido posible.

Revisar el borrador también es parte del oficio

Esto no sólo acorta el tiempo entre la entrega de la obra y su publicación, sino que denota respeto por la labor del editor y seriedad por parte del autor.

Por mucho que un escritor revise su obra en busca de gazapos, el mero hecho de ser el autor de la misma impide notar todas las deficiencias de esta. Está comprobado que, cuando se conoce un texto, el cerebro tiende a ser permisivo con los errores y llenar los agujeros: leemos lo que quisimos decir, no exactamente lo que escribimos.

Por ello, se recomienda que, luego de escribir la palabra “FIN”, se deje descansar el borrador unas cuantas semanas antes de revisarlo. He usado la palabra borrador ex profeso, porque sin corrección y reescritura no se puede decir que dispongamos aún de un manuscrito como tal.

Luego del proceso de revisión y antes que ojos ajenos nos lean, se recomienda escuchar el borrador en voz alta. En este proceso saltan muchos errores que no vemos plasmados en el papel, pero que rompen el ritmo de la obra. Mi recomendación personal es que la lectura en voz alta sea realizada por un programa TTS (text-to-speech), que no se dejará influenciar por la trama ni sus emociones.

Antes de que la editorial evalúe

Ya el borrador comienza a ser un manuscrito, pero antes de enviarlo es recomendable que alguien que no sea el propio autor lo revise. Esta tarea se encarga usualmente a los lectores cero: amigos del círculo de confianza del autor, que aporten criterios valiosos sobre las fortalezas y debilidades de la obra. Estos también pueden señalar los errores ortotipográficos y de estilo, aunque no de forma profesional o concienzuda.

Una práctica recomendable para aumentar las posibilidades reales de la obra es buscar una opinión experta para ambas tareas. Hoy en día existen muchos profesionales que realizan informes de lectura editorial e informes de corrección ortotipográfica, de estructura y de estilo. Nótese que son dos tipos de informes separados, cada uno orientado a un objetivo diferente.

Este paso no es obligatorio, pero sí muy recomendable tanto para la autopublicación como paso previo a enviar el manuscrito a una editorial tradicional o de coedición.

Cazando gazapos…

Los errores más comunes

Sin ánimo de ser exhaustivo, pues esa tarea es competencia de los revisores editoriales, en mi modesta experiencia estos son los gazapos más usuales en un manuscrito.

Valga decir que no estoy aleccionando, sino uniendo las muchas marcas rojas con las que me han devuelto mis obras y las marcas rojas que también he hecho en los ajenos. De todas formas, es útil consultar este listado antes de enviar el manuscrito a la editorial

Mal uso de:

Aun y aún / Conciencia, consciente, inconsciencia, inconsciente / Cual y Cuál / Cuando y Cuándo/ De más y Demás / Donde, Dónde, Adonde y A dónde / Este y éste, esta y ésta, esto / Mas y más / Porque, porqué y por qué / Que y de que / Quien y Quién / Si y sí / Sino y si no / Sobre todo y sobretodo / Solo y sólo (pese a lo que dice la RAE, nuestra editorial tiene su propio criterio)

Errores de puntuación:

  • Abrir coma para comentario y no cerrarla, o a la inversa, cerrar coma de comentario que no se abrió.
  • Colocar punto después de ! y ?
  • Coma innecesaria al usar «y».
  • Coma innecesaria entre sujeto y predicado.
  • El uso de comillas para los diálogos en lugar de guiones de diálogo.
  • Mal manejo de los guiones de diálogo.
  • Manejo de mayúsculas o minúsculas en comentarios dentro de guión de diálogo.
  • No colocar apertura de signos de interrogación y de admiración (¿ y ¡).
  • Usar demasiadas veces los puntos suspensivos para terminar frases.
  • Usar guión doble como suspensión en lugar de punto y coma o tres puntos.
  • Uso de terminación de párrafos con punto y guión, al estilo legal: .-

Errores diversos

  • Poner tilde en monosílabos: Vió, dió, fué, fé, tí, dí, fuí, etc.
  • Problemas con los tiempos verbales, cambios de tiempo dentro de una misma frase.
  • Tilde en diptongo ui: destruido, derruido, recluido, disminuido, concluido, huido, etc.
  • Uso de la abreviatura Ud., Sr., Dr., Prof., etcétera, en lugar de usted, señor, doctor, profesor, etc.
  • Uso excesivo de «el cual», «la cual», «el mismo», etc.
  • Usar números en lugar del artículo correspondiente o números en frases en las que corresponde poner palabras.

El final del túnel

Una vez entregado y aprobado el manuscrito para su publicación, el texto va a pasar por la revisión editorial (¡una vez más!) y luego se le envía al autor para que apruebe o discuta los cambios.

Por muy pulido que esté el manuscrito, esta revisión es un duro pero necesario golpe al ego del escritor: casi siempre las cuartillas regresan llenas de acotaciones en rojo. Si no es así, más que alabarte por el buen trabajo previo, desconfía de que la revisión editorial haya sido profunda.

Cuando el autor y el editor ya se ponen de acuerdo en los cambios, el manuscrito se congela y se pasa a maquetación. Una vez maquetado, se le envía al autor la llamada primera prueba de galeras o primera galerada.

El nombre procede del argot de las imprentas, dónde se colocaban los tipos móviles de las letras en unas armazones de madera llamadas galeras. Por tanto, la prueba de galeras es un borrador de cómo quedaría el libro luego de impreso, según los estándares de la editorial. En su primera versión no es aún la tripa (contenido) del libro ya maquetado, porque aún es susceptible a cambios. Esta es la última oportunidad de corregir errores, así que debe revisarse con extrema meticulosidad.

Una vez aceptada la primera galerada, el manuscrito ya puede llamarse obra: está listo para imprenta, en cuanto tenga portada y contraportada; las cuales merecen un artículo aparte.

Álex Padrón