Cada vez son más las personas que quieren escribir. Escribir un libro, dicen. Como comienzo, no está mal, pero, ¿qué? ¿Una novela? ¿Cuentos, poesía? O piensa escribir, tal vez, imbuido en el espíritu de Góngora, una obra de teatro. Los hay que se lanzan directo al cautivador destello de Netflix y pretenden escribir una serie de múltiples temporadas, como recompensa a su dedicación escritora.

Sin embargo, son pocos los que se preguntan por qué quieren escribir algo, lo que sea, y eso es lo preocupante. Todo lo que se quiera escribir es válido y no seré yo quien ponga la más mínima traba a los deseos de cualquiera que, pluma en ristre, se disponga a transitar el camino que anhela.

El porqué es esencial

Cada cual escoge su forma de sufrir y ello resulta encomiable. El problema es que muchos se lanzan a la aventura sin haber resuelto una amplia gama de vicisitudes que deben plantearse antes de sacarle punta al lápiz.

Todo escritor —o aprendiz del oficio— debe tener esta respuesta contestada mucho antes de empezar. Ello es así porque no existe una respuesta única y sí una miríada de posibilidades, todas ellas válidas, siempre que sean producto de ese porqué.

No es suficiente pensar en soluciones que no partan del interior del escritor; que no estén en su intimidad. Si piensan que una razón pueda ser la correcta, no caen en la cuenta de que, en realidad, quedan múltiples tareas que realizar.

Cada cual tiene sus razones

Lamento comentar en este punto que no voy a revelar las mías. Las razones de cada escritor no resultan una ayuda para los demás y, lo que es peor, las razones cambian con el tiempo. Lo que hoy resulta válido no podría serlo en el futuro o, quizás, las razones de hoy sean la evolución de razones pasadas.

Todo aquel que comience el camino que sepa que nadie le va a ayudar a recorrer ese tramo. Por eso, cuando se solicita una guía al respecto, la única respuesta se convierte en pregunta: ¿por qué piensa escribir? Ello nos lleva a la siguiente cuestión que, como no podría ser de otra forma, vendría en forma de pregunta. ¿Está dispuesto a pagar el precio?

Escribir no es gratis

Pasado el calvario de conocerse a uno mismo y sus razones para sentarse a escribir, tendrá que reconocer que hacerlo conlleva un precio muy alto. No resultará gratis.

Escribir es un acto de soledad. Deberá aceptar que las copas con los amigos o las relaciones sociales deberán dejarse de lado. Deberá saber que las labores del hogar o, las planifica de modo consciente, o vivirá inmerso en el polvo sin barrer o las comidas a deshoras. Beber será un acto íntimo y el quedarse sin cigarrillos un suplicio vivido a solas.

Por tanto, hay que organizarse o ser un desaliñado, porque no hay posturas intermedias. El cónyuge pasará a un segundo plano y las malas caras y las broncas serán habituales hasta que renuncie a ellas o deje de escribir.

Escribir será lo último que haga en el día, una vez completadas las cosas que lo impidan.

Aceptado el nuevo estatus, se podrá empezar a escribir sólo para percatarse de todas las cosas de las que carece. Escribir es un continuo deambular en la incertidumbre. Conforme empiece a hacerlo, comprobará su escasez de todo tipo de conocimientos.

¿Qué necesita si piensa escribir?

Voy a prescindir de los conocimientos fundamentales de la Ortografía y la Lengua. Explicar eso sería pretender que un invidente condujese un auto por la autopista.

No conozco a ningún escritor serio que no domine estos temas, aunque sí me he encontrado a cientos de miopes y astigmáticos gramaticales que pugnan por terminar un manuscrito. Craso error, pero no sólo existen, sino que son legión.

Me refiero más bien al dominio de las técnicas de escritura. Si se carecen de los conocimientos más elementales como la estructura aristotélica, por favor, no piense escribir. Mejor se apunta a uno o varios de los múltiples cursos que se imparten antes de comenzar la obra maestra.

No compensa lo más mínimo sufrir el suplicio de Sísifo si piensa escribir un manuscrito sin estos conocimientos. La vida ya tiene bastantes complicaciones para, encima, aderezarla con sufrimientos adicionales que lo hagan un desgraciado. De verdad, no compensa. Por eso, instrúyase primero en estas técnicas para ver mejorar su trabajo y, de paso, ver sus ingresos disminuir, porque dichos cursos suelen ser costosos.

Antes de empezar, sin embargo, se necesita saber qué se quiere escribir. Las técnicas para escribir una novela son muy distintas a las de los cuentos y, más aún, a las de la poesía, el teatro o el guion cinematográfico o televiso. Acudir a estudiar con un guionista no facilitará el escribir una novela. Existirán temas comunes, pero enlazarán con cada técnica de forma distinta.

Conocimiento y ductilidad

Asumido, entonces, que domina la Ortografía, la Gramática y las técnicas de escritura deseadas, se enfrentará a otra dificultad aún mayor si piensa escribir. ¿Cuál es su propósito?

Un buen escritor debe tener un propósito al escribir. Saber por qué quiere contar esa historia en particular y lo que le mueve a ello. No me refiero a temas trascendentales como el cambio climático o la igualdad de géneros. No. Me refiero al escritor como persona; que saque lo que lleva dentro y que sea capaz de escribirlo con conocimiento y ductilidad.

El conocimiento es fundamental y muy fácil de conseguir. Una buena educación siempre es necesaria y no digamos una buena enciclopedia o acudir a las hemerotecas. Es fundamental también conocer a los Clásicos de la antigua Grecia, la Mitología o a los escritores del Siglo de Oro español entre otros.

No se pretende que se escriba como ellos, pero sí que se sepa qué escribieron, cómo lo hicieron y por qué. De carecer de una cierta cultura literaria sus manuscritos resultarán insulsos y de poca trascendencia. Si no se dispone de un dominio aceptable de estos temas, lo primero que hay que hacer es leerlos y conocerlos; cuestión que también terminará teniendo su impacto en su cuenta bancaria.

La cuestión de la ductilidad también tiene su intríngulis. La defino como la forma en que la escritura cala en el lector. Hay miles de formas de contar una historia, pero sólo una funciona: la mejor.

Por eso, es imprescindible buscar la mejor forma de contar la historia que consiste, ni más ni menos, en aquella que enganche y atrape al que la lee. Por tanto, prepárese a escribir y rescribir su manuscrito tantas veces como sea necesario.

Hasta que no esté convencido de que el manuscrito es perfecto, no lo saque a la luz pública. Vuélvalo a revisar. Déjelo en el pudridero y regrese a él tres meses después. Cuando así lo haga comprobará que todavía existe espacio de mejora.

Someta su manuscrito a revisión

Una vez cumplido lo anterior, no la envíe a una editorial o se la presente a un agente literario. Sométala a una concienzuda revisión externa.

Comprobará así que su obra seguirá siendo mejorable. Ni se enfade ni se desanime. Una revisión editorial seria tomará distancia con la obra y le importará tres bledos si su protagonista es alto, bello y fuerte. Lo único que evaluará es si funciona o no. Acepte las recomendaciones si pretende sacar adelante su proyecto.

Son miles las buenas ideas que se diluyen por la tapa del váter por no estar bien contadas. También, y lamento ser tan insistente, una buena revisión editorial supondrá un mordisco adicional a sus ahorros. Es inevitable. Nadie trabaja gratis por leer un bodrio.

Nadie dijo que fuese fácil

Así comienza el periplo de todo escritor. Digo todo escritor, porque de ello no se libran ni los más consagrados. No existen desayunos gratis, ni la posibilidad de recortar esquinas. Leed por curiosidad la correspondencia de Hemingway con sus editores y podréis haceros una idea.

He dejado para otro momento las cuestiones relativas al talento, la disciplina y el trabajo duro. Algo de ello se desprende de soslayo en estas líneas. Extenderme sería un castigo excesivo. Recapacitad sobre lo comentado y valorad el coste que vais a pagar por tener la feliz idea de querer ser escritor.

Repito, escribir no es gratis y, si carecéis de un porqué, os resultará muy costoso. ¿Estáis dispuestos a pagar el precio?

Luife Galeano