Llevamos bastante tiempo en Atmósfera Literaria intercambiando ideas entre nuestros autores y los editores sobre la escritura y el oficio de editor.

Bajo la atemperada catarsis que produce el debate de estas cuestiones, hemos analizado lo que le gusta o disgusta a un editor, cuánto cuesta hacer un libro y si una persona debe considerar, de manera seria y formal, tomar la escritura como un oficio estable y duradero.

Lo de rentable, mejor apartarlo de nuestras mentes por el momento.

Aclaremos, para que después no se malinterprete

En realidad, no es que a un editor le moleste un manuscrito malo o que lo importunen con tantas llamadas. Más que otra cosa, es una forma de hablar cuando nos sentamos a divagar sobre estas cuestiones. Un manuscrito malo no va a durar más de quince páginas, por lo que tampoco se va a traumar un editor con buen oficio.

En lo de importunar, al venir por correo electrónico o wasap (ya la RAE aceptó este vocablo), se puede atender en otro momento y contestar a conveniencia; algo que tampoco difiere de antaño o de cualquier otra actividad que se realice durante el día.

Ocurre que muchas veces no se puede atender a un autor de inmediato porque se está haciendo otra labor prioritaria o bien, se está atendiendo a otro autor. En mi caso particular, suelo devolver todas las llamadas, pero existen colegas que no lo van a hacer jamás, así que paciencia.

Los intereses encontrados

Por otra parte, existen intereses encontrados entre autores y editores. Ya se ha comentado en este foro por activa y por pasiva, que ninguna editorial puede publicar un libro del mismo autor cada quince días.

Para aquellos prolíficos escribientes yo siempre les recomiendo que, al terminar un manuscrito, lo depositen en una bandeja (pudridero) y no vuelvan a él hasta pasado, mínimo, tres meses. ¡Cuántos de esos manuscritos no han pasado del pudridero a la basura al cabo de los tres meses! ¡Cuántos de esos manuscritos han sido revisados, para luego ser desechados por un editor!

Escribir es un oficio que se realiza despacio y que requerirá de múltiples reescrituras. Jamás saldrá un manuscrito a la primera. Es inútil que lo intenten porque no va a suceder. Es la principal razón por la que se rechazan manuscritos. Piensen que los van a leer personas que no tienen ningún interés en particular sobre un escritor u otro.

El oficio de seleccionar un manuscrito

Un editor va a tener en consideración dos premisas a la hora de seleccionar un manuscrito. Luego vendrán otras, pero estas dos son primordiales.

La primera es determinar si lo que se tiene entre manos es buena literatura. Si merece la pena perder el tiempo leyendo algo que, además, impide enfrascarse en otro proyecto que está esperando y que, tal vez, sea mejor.

La segunda es determinar si el manuscrito tiene buena salida al mercado. No olvide que un editor va a realizar una apuesta sobre un escrito que ni se ve, ni se escucha. No es una maqueta de música ni un tráiler de una película. Hay que leerlo.  Lo único que puede hacer atractivo el libro a un futuro lector serán la portada —de la que no participa el escritor— y la sinopsis de la contraportada —en la que, por regla general, tampoco.

Algo que desconocen los escritores es cuánto cuesta fabricar un libro. Antes de tomar papel, lápiz y calculadora y elucubrar cálculos infinitesimales, lo primero que tiene que saber un escritor es que una persona con oficio en este campo le va a dedicar tiempo a revisar esa obra de arte que se presume tan magnífica.

Piensen por un momento el currículo y la experiencia que tiene ese editor. Si llegan a ello, imagínense la inversión que esa persona realizó en prepararse para criticar su obra y explicarle con razones válidas por qué debe cambiar una cosa o debe reescribir otra o añadir más texto o quitar dos capítulos.

Escritor, déjate ayudar

No es baladí el tema. Sin ánimo de deslumbrar a nadie o de romper el pacto confidencial entre escritor y editor, me he visto en distintas circunstancias en las que he solicitado eliminar páginas de un manuscrito (y he tenido éxito). También he pedido al autor que vuelva dentro de tres meses con una obra en la línea de las sugerencias aportadas (y ha vuelto). Por desgracia, he perdido autores porque no han sido capaces de aceptar una crítica y han decidido romper el pacto editorial.

¿Son consciente de la pérdida de dinero que ha supuesto la ruptura de dicho pacto? ¿Son conscientes de que cualquier demora supone diferir una ganancia en el tiempo con el riesgo de resultar incosteable? ¡Y todavía no se ha fabricado el libro!

Para hacer un libro de tu manuscrito…

Una vez que esa revisión editorial sobre un autor firmado se ha llevado a cabo, empieza otra labor que estriba en conocer el oficio de costear los distintos elementos que suponen fabricar un libro.

Por una parte, está lo que se viene llamando la inversión en ediciones y que recoge todos los gastos de maquetación del libro (las tripas) y el forro y diseño (portada y elementos añadidos tales como comprar las fotos, ISBN y el propio diseño de artes finales).

Además, incluir el ancho de lomo, las solapas, logos, biografía del autor, hoja de créditos y copyright, inscripción en el Depósito Legal e ISBN y un sinfín de detalles que ningún autor valora, pero sí que ven en su obra terminada.

Por otra parte, está el coordinar toda la fabricación del libro, que se resume en el papel, la impresión y la encuadernación. Hay que decidir qué tipo de papel, gramaje y tono debe emplearse, si la impresión va a color o en blanco y negro o si encuadernamos fresado o cosido, tipo de forro (cubierta), su gramaje y, los ya mencionados, solapas y ancho de lomo.

Por supuesto, que otra cuestión que ha de considerarse es la reserva de espacio en montaje para saber en qué momento va a estar terminado el libro. También si hay excesos de impresiones, vacaciones o, en estos momentos, si los mercados están abasteciendo papel en tiempo y forma con los gramajes solicitados.

Nótese que todavía no se han mencionado los números y sí se ha estado utilizando tiempo y dinero en realizar una serie de actividades jamás soñadas por un escritor.

La ganancia del editor

Por difícil de creer que sea, todo ello para una ganancia mínima. Una editorial al uso no va a tener un beneficio por encima de un 20% del precio de venta. Podrá ganar mucho en términos monetarios si vende muchos libros, pero su porcentaje de beneficios jamás superará ese tope.

Yo espero que esa falsa impresión que existe de que de todos podemos escribir un libro y que las editoriales medran a costa del esfuerzo de los escritores, empiece a ser una creencia del pasado. Más le valdría a todos esos que pretenden ser la próxima esperanza blanca de la literatura mundial, se midiesen en sus pretensiones y escribiesen menos y, algunos, no volviesen a escribir jamás.

Un mal manuscrito hace perder dinero al editor y, por eso, van a evaluar su escrito con las primeras quince páginas o una variación de ese sistema. Si resulta malo, lo más seguro es que ni les contesten.

Menos entusiastas y más profesionales del oficio, por favor

Por otra parte, sería muy deseable que no se extendiese el afán de ser editor y acabásemos con una pléyade de pacotillas que piensen que, porque aprobaron Lengua en el bachillerato, ya están capacitados para editar un libro.

No basta con “pasarle la mano” al texto. Se requiere coherencia y cohesión, ritmo, economicidad en el lenguaje y en la escritura. Por supuesto, saber también que la escritura no es la fuga de la inspiración, sino que todo lo que se dice es por algo y para algo. Si un manuscrito no se ha escrito así, no sirve.

Seguiremos en esta línea conversando de libros y su oficio y, por supuesto, invitamos a todos los que nos lean a que se inscriban en nuestra página web y nos envíen sus comentarios, impresiones, acuerdos, desacuerdos y dudas.

(Continuará)