el personaje perfecto
¿Un cliché de novela negra?

Vamos a referirnos al personaje y su desarrollo, como continuación de nuestro artículo sobre lo que se espera en las obras que nos envían los escritores.

Así, considerábamos en ese plan de ruta que lo primero a lo que se debería prestar a tención era a desarrollar buenos personajes y vamos a intentar darles una serie de consideraciones para ello.

Es sabido que todo género narrativo tiene su propio sistema de personajes de tal forma que, si algo cambia en esos personajes, cambian el resto de las variables de la narración. Por ello, el punto de partida es siempre el personaje.

Las dos vertientes del personaje.

La conformación del personaje se realiza en dos vertientes. Una de ella es que se presenta como el baluarte de la trama y el argumento. Es decir, el personaje se construye para cumplir un fin o una trama. La segunda es que el personaje es el disparador, la idea inicial, del relato. En efecto, es a través de él cómo el lector tiene la percepción de los conflictos humanos.

Lógicamente, requerirá de la complicidad del lector (concepto que veremos más adelante) ya que siempre será una entidad incompleta que requerirá de la actualización del lector. Antes, los personajes se desarrollaban con todo lujo de detalles. Lo veíamos en autores románticos y cómo sus personajes era descritos tanto en sus peripecias y gestos como hasta en la detallada forma en que vestían. Grandes ejemplos de ello son las novelas de Dickens o de Oscar Wilde.

Hoy en día, el personaje moderno opera sobre la lógica del decir más con menos. Ello es debido al desarrollo intelectual y al acervo cultural de los lectores. Es tal la información de cómo son las personas en todas partes del mundo que no precisamos de largas descripciones sobre los mismos.

Los recursos ejecutivos en la construcción de personajes

Sabemos que existen tres recursos ejecutivos para construir personajes:

a) Hablando de él como función referencial. El personaje se intercala en la narración deteniendo la acción y ofreciendo una visión estática de la persona.

b) Diciendo lo que hace, cuya finalidad artística e informativa aparece mezclada con otras formas de expresión como la descripción y el diálogo intentando reflejar cómo son los hechos que le ocurren.

c) Lo que dice que es la forma de expresión en la que estos se transmiten información. A través del diálogo podemos conocer la forma de pensar, los estados de ánimo, las reacciones y sentimientos del personaje. El diálogo potencia el dinamismo de lo narrado.

Ello es necesario porque el escritor debe considerar siempre los tres niveles en los que su personaje va a operar:

  1. el personaje está relacionado con la trama. Es decir, yo escritor cuento algo y necesito un personaje determinado.
  2. el personaje está relacionado con el tema. En la que todo personaje tiene su rol temático y, por tanto, encarnan temas.
  3. el personaje está relacionado con su historia. Será decisión del autor en qué medida tiene una historia.

En función de las decisiones que tome el autor combinará los recursos ejecutivos de descripciones, narraciones y diálogos para cumplir con los tres niveles a los que operan.

Los roles temáticos y actorales

Se dice que hay un personaje en el punto de cruce de los ejes de los roles temáticos y los actorales.

Los roles temáticos son los obstáculos que le presenta la trama y que hacen que el personaje evolucione. Qué es lo que le pasa y cuál es su conflicto. Su equipaje. El personaje es un ser acumulativo y crece en la medida que se enfrenta al conflicto y toma decisiones para su resolución (o fracaso). Si no se tiene esto en cuenta, se corre el riesgo de terminar con personajes sin pulso y planos.

Los roles actorales son las acciones y peripecias del personaje ligados a la trama. Los rasgos que implican acciones y que hacen que la trama evolucione.

Por tanto, la conjunción de ambos ejes constituye la obra en sí pudiendo decir que la suma consciente o inconsciente de estos sistemas tiene como resultado la aparición de la misma.

La cooperación textual

En párrafo anterior comentamos que volveríamos sobre el tema de la cooperación textual. Esta cooperación se produce en el momento en que el lector comienza a inferir, se pregunta y adelanta soluciones sobre la trama que se va desenvolviendo. Es decir, coopera con el conjunto de un texto que está sin completar.

Es en este momento cuando el escritor más se arriesga con su obra. De la buena o mala impresión y captura que haga del lector dependerá su éxito o fracaso con la obra. Por ello, es muy importante saber presentar una trama y, sobre todo, crear buenos personajes.

Plano de aparición

El momento más delicado de la obra se produce en el plano de aparición o la primera vez que aparece el personaje. Hay que ser muy suspicaz y estar muy atento para hacer el inventario más idóneo del personaje.

  • Ambientación. Requiere tomar conciencia de la escena en la que entra el personaje y no dejarlo al azar. Es muy importante preparar con detalle la escena de aparición.
  • Criterio de la suma. No podemos olvidar que la ambientación es la suma de elementos. Es el hacer inventario describiendo al personaje de manera que sea único y no olvidarnos de los rasgos fundamentales.
  • Aspecto del personaje. También conocido como ambientación interna y que recoge sus atributos decidiendo cuáles predominan y cuándo.

La relación del personaje con los sentidos

Es muy poderosa la relación de los sentidos para desarrollar personajes y suele ser un tema que se descuida con demasiada frecuencia. Hay que generar el hábito para que entre sobre el trazo del escritor: existen una serie de condicionamientos para que lo sensorial entre a describir al personaje:

  • Tipificar al personaje identificándolo con pausas, giros poéticos, fraseología, tono de voz y el registro.
  • Acotaciones de diálogo: que no se sienta que cuelgan, sino que están sintonizadas con el atributo del diálogo. Que haya una correspondencia entre el detalle y la acción.
  • La actuación del personaje: en ella, el autor tiene que dejar ver la acción y evitar que una descripción fallida termine por convertir al personaje en un cliché.
  • La descripción. esta debe considerar los siguientes atributos:
    • Economía de recursos con descripciones que favorezcan una empatía con el lector.
    • Creación de una atmósfera que envuelva a los personajes.
    • Trabajar determinada tensión narrativa manipulando los diálogos para llevar al lector hacia lo inesperado.

El personaje es un punto capital para construir una historia extraordinaria, sabiendo clasificarlos por su grado de importancia y por su personalidad. Asimismo, dentro de este artículo hemos tocado de soslayo otros puntos que destacábamos en nuestra comunicación anterior y que están muy ligados con el personaje.

De momento, aquí esperamos vuestros comentarios al respecto.

Luife Galeano