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Mario Brito en sus Ríos de Primavera

Atmósfera Literaria tuvo la oportunidad de conversar con uno de sus autores más queridos, Mario Brito, de quien hemos tenido la oportunidad de publicar Fuegos fatuos, La tierra del cebú y Deberías llamarte Sansirolé.

Mario, con la sencillez que le caracteriza, tuvo la amabilidad de dedicarnos unos minutos de su tiempo para acercarnos a su visión personal de la nueva novela negra cubana.

1.- ¿Tienes una definición personal del género negro o sientes como propia alguna de las tantas que se han formulado?

Ciertamente, no he tratado de definir esa modalidad literaria. Quienes la han asumido en serio ya lo han hecho con conocimiento de causa y con sobrados elementos. Y digo “quienes la han asumido en serio” porque no me considero un escritor de novela negra.

Yo escribo cuentos y novelas, unos textos “salen” de amor, otros con algún matiz fantástico, todos apegados a la cotidianidad cubana, y entre ellos, hay conocedores que  han visto literatura negra en algunos y me demostraron que era así. Si llegué al género por casualidad, sin estudiar la teoría, queda claro entonces que alguien que haya tocado la flauta como el burrito de la fábula no puede tener mayores pretensiones. 

2.- ¿Cuánto has bebido del género en su modalidad cubana, pensando en autores como Leonardo Padura, Justo Vasco, Daniel Chavarría, Lorenzo Lunar o Amir Valle?

De la literatura policial cubana, si no lo he leído todo, es porque comencé leyéndolo todo. Me atiborré de lo que se publicaba como premios en los concursos que existían en los primeros años y tanto leí que terminé apartándome por las razones que se han expuesto en más de una ocasión en diferentes estudios al respecto. Hasta que salió de nuevo el sol con esos autores que mencionas, a los cuales llegué, primero, con cierto recogimiento y luego con agrado, porque sus novelas me hablaban de tú a tú.

Algunos de ellos y yo coincidimos en tiempo y espacio: Lorenzo Lunar, Amir Valle, Rebeca Murga… Descubrí que teníamos en común la sinceridad, la irreverencia, el valor de decir sin temor a la censura. El acercamiento a ellos y a su obra me sirvió para sentirme acompañado. 

3.- ¿Es para ti la novela negra un divertimento o una mirada en el lado oscuro de nuestras sociedades, en este caso de la realidad cubana?

Esa mirada en el lado oscuro de la realidad cubana es la que marca la diferencia. Si no se describe el arribismo, la corrupción, la falta de valores, la delincuencia (a veces con cuello y corbata)… no es literatura negra, ni siquiera mulata. Desde mis inicios, escribí reflejando el entorno como yo lo veía, guajirito de a pie, machucado por cuanta escasez se escapaba por ahí, y a la vez participando activamente en cuanta tarea (que eran muchas) entendí necesaria para contribuir al progreso del país.

Por eso lo veía todo desde abajo, es decir, veía todo “lo de abajo”, lo sentía, me chocaba y lo escribía, siempre en serio, porque tenía que decir, denunciar, no me importaba si molestaba o incomodaba a alguien. Y como nuestra realidad se ha ido complicando cada vez más, eso que escribía ¡tenía que desembocar en literatura negra!

4.- ¿Por qué el género negro es visto como un género menor, como lo considera aún un amplio sector de la crítica y de la academia, mientras el público cubano e internacional lo busca tan activamente?

No te digo que sea ignorancia, superficialidad o subjetividad porque esos señores no son lo uno ni lo otro, ni yo me atrevería a juzgar a críticos y académicos. Creo que buena parte de culpa para que la literatura negra se haya etiquetado de “menor”, la tenemos los escritores y, en buena medida, los editores, que —unos— hemos creado y —los otros— han aceptado publicar obras medianas, por no decir mediocres.

Si han sido esas las referencias para calificar al género, tienen toda la razón. Pero ejemplos hay de sobra para demostrar que una novela puede ser brillante y trascender, ya sea de ciencia ficción, de amor, erótica o histórica, por qué no también policíaca o negra. Aunque recuerda que la última palabra no la tienen los jurados, ni los críticos, ni los académicos: la tiene el tiempo y con él, los lectores.

 5.- ¿Consideras que la nueva novela negra cubana está en un buen momento? ¿Los temas están ya agotados, o por el contrario, se hace más necesaria que nunca su mirada crítica a la sociedad?

No creo tener la actualización suficiente para asegurar que sí o que no esté en un buen momento la nueva novela negra en Cuba, porque todo este largo período de escasez y de limitaciones ha hecho que no se publiquen al ritmo que se escribe. Muchos autores publican en el extranjero y no son leídos aquí, es información que perdemos de vista. Con los originales que están aún engavetados, unos más recientes que otros, en poder de sus autores, supongo que pueda hacerse una crónica (la crónica) de estos tiempos, pues nuestra realidad —la realidad negra—, que se estremece y convulsiona por días, es una mesa buffet de temas para esta modalidad literaria.

Hay ahí un manantial de motivos, intereses y conflictos en una atmósfera y un ambiente creo que únicos. Ojalá pudiéramos atrapar todo esto y ya veríamos en un futuro no muy lejano si la academia y los críticos cambian de opinión. Lo que se necesita es talento y valor. Afirmo lo que me preguntas: se hace más necesaria que nunca esa mirada, pero que no se quede en un paneo pasivo, es necesario que se publique, que llegue a donde tiene que llegar ese vistazo.

6.- En la actualidad, ¿cuáles son los desafíos fundamentales que enfrenta el género negro en Cuba?

Quizás la falta de promoción, el estímulo a los creadores y la escasez de espacios, pero por encima de todo, el hecho común con el resto de los géneros: la publicación. Y encima de eso, el estigma de que es una literatura de segunda.

7.- ¿Consideras que existe la autocensura en el género negro cubano? ¿O, directamente, la censura?

Para asegurar si los autores se autocensuran debía conocer cómo piensa cada uno, y no llego a tanto. Si tomo como referencia a los que conozco, no veo en ellos que se repriman si tienen que decir algo. Cada cual escribe y critica “según su comunión”. Quien se autocensure —y esto es mera especulación— será por mojigatería. Y en cuanto a la censura, aunque una que otra editorial desparrama los ojos ante un texto “atrevido” y cuando no logra encontrar elementos técnicos que atenten contra la eficacia literaria, te dice que no es de su interés, institucionalmente no existe. Públicamente, está contemplado que cada creador es libre de hacer cuanto quiera con su obra. 

8.- Si tuvieras que explicar a tus potenciales lectores qué van a encontrar en la obra de Mario Brito, ¿qué les dirías?

A esos potenciales lectores les diría que en lo que escribo van a encontrar gente como ellos, que se debaten entre sus mismos problemas de carencias materiales y miserias humanas; van a encontrar las contradicciones de siempre, traídas al aquí y ahora cubanos; gente que ama, que sufre, que trabaja; héroes y heroínas que no saben que lo son. Pero no van a encontrar lloriqueos. Al contrario, en algún momento van a soltar una sonrisita.

9.- Ríos de Primavera es un escenario recurrente en tu obra. ¿Ese poblado de montaña existe, o es fruto de tu imaginación?

Ríos de Primavera es fruto de la fusión de varios asentamientos pequeños y utilicé el archiconocido recurso de escudarse en un lugar de ficción para contar cosas reales a través de personajes que sí y que no existen o existieron. El ambiente es rural, porque cada cual debe escribir de lo que conoce, y yo soy guajiro, nacido y criado en el Escambray. No podía ubicar mis historias en un lugar idílico y exótico con unicornios o dragones voladores, donde no haya apagones, ni escasez de comida, ni emigración…

10.- ¿Planificas las historias al detalle antes de escribirlas o las dejas surgir sobre la marcha?

Planifico las historias. Hago un esquema. Estudio las escenas. Los personajes hacen lo que tienen que hacer, soy un tirano con ellos. Algunos autores dicen que ponen en situación a sus personajes y los sueltan, para seguirles detrás a ver qué pasa. Yo no. Conmigo hacen lo que les toca porque sí. Generalmente (por no decir que siempre), cuando me decido a comenzar a escribir, ya tengo el principio, la tripa y el final muy bien concebidos. No quiere decir que deseche alguna idea que surja sobre la marcha si aporta, pero no recuerdo un caso en que haya tenido cambios significativos en la idea preconcebida. Eso de que comienzas  a escribir una cosa y termina siendo otra, conmigo no sucede.

11.- A la hora de escribir, ¿cuánto influye el hecho de pensar en un potencial lector de tu obra?

En mi etapa de tallerista conocí quienes escribían para el jurado, como si ese fuera el límite de su mundo, su techo literario. Argumentaban que si el presidente del jurado era gay y alguna obra medianamente buena rozaba el tema, los demás estábamos fritos. En mi caso, mi literatura es localista, rural, circunscrita a la realidad cubana, lo que siempre me aseguró una comunicación inmediata con un sector de la población, el sector más cercano a mí.

Pensar en un potencial lector pudiera influir y hasta determinar qué se escribe y cómo se escribe. Inconscientemente yo no escribía “para ellos”, yo escribía porque soy parte de ellos y esa era mi realidad. Si se escribe “pensando en…”, pueden dejar de escribirse cosas importantes. Quien se proponga ex profeso escribir algo universal de primera y patas, puede terminar defraudándose, porque lo universal está en un punto chiquitico de la geografía. Si no, vayamos a Rulfo, o a aquel lugar de La Mancha.

12.- ¿A qué escritor, vivo o muerto, retarías a duelo de espada en un molino al amanecer y por qué?

Retaría a dos escritores, por su turno, claro. Uno, John Dickson Carr. Porque en su novela Los espejuelos oscuros me tuvo “trajinado” todo el tiempo, queriendo hacerme aprender la lección de: no creas en tus ojos, no confíes en lo que ves, no estés seguro de nada.

Y el otro, Lorenzo Lunar. Porque seguramente a ese duelo llevará padrinos como Gumersindo Pacheco y Atzín Nieto, y una madrina: Rebeca Murga. Yo llevaré los míos: Reinaldo Cañizares, Luis Pérez de Castro… ellos lograrán convencernos de que para qué tanta violencia y terminaremos todos abrazados a una botella de Decano, o de Santero, para rememorar nuestro paso por la literatura (que es como decir toda la vida). Así nos van a dar las diez, y las once, y las doce, y la una, y las dos y las tres… Y vaya usted a saber en qué condiciones nos encontrará la luna.

Con Atzín Nieto, escritor e investigador mexicano

13.- Pregunta gastada, pero siempre necesaria. ¿En qué nuevo proyecto anda ahora mismo Mario Brito?

Debo completar un libro de cuentos, al que le faltan dos por escribir. Y ya tengo terminadas y revisadas dos novelas, una de ellas se desarrolla igualmente en Ríos de Primavera y constituye una especie de saga de otras dos que ya fueron publicadas por Atmósfera Literaria: La tierra del cebú y Deberías llamarte Sansirolé. Me complacería mucho que esta también se incluyera en su catálogo, pero no depende sólo de mi deseo.

14.- ¿Algún consejo final para los nuevos escritores del género negro en Cuba?

Quienes decidan escribir literatura negra en Cuba deben partir por leer literatura negra no sólo cubana. Quiero decir que, en primera instancia, tienen que leer. Acercarse (aunque sea por internet) a los espacios en los cuales se cultiva, son pocos, pero existen. Haciendo esto, se fortalece el gremio. Intercambiar y escuchar sin autosuficiencias, el agua tibia ya está descubierta. Ser observadores y sinceros. Siendo así, pueden exponer sus criterios con honestidad y limpieza. Habrá siempre a quienes no les guste, porque hay que escudriñar en la parte escabrosa de la sociedad, y esto generalmente causa ojeriza en las alturas. Pero las razones bien expuestas en cualquier discurso, ya sean mulatas, negras o retintas, no hay que defenderlas: se defienden solas o las defiende el tiempo, amén de la crítica o la Academia.

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