¿Sabías que escribir es un proceso cognitivo muy complejo?

Un modelo que suelo utilizar en mis cursos de escritura es el modelo de Flower- Hayes. Este modelo describe con sumo detalle las diferentes operaciones intelectuales que realiza un escritor para escribir un texto. Está formado por distintos procesos y subprocesos mentales básicos, organizados según una jerarquía y con unas determinadas reglas de funcionamiento. No son etapas unitarias rígidas del proceso de composición, ni se suceden de forma lineal siguiendo un orden determinado. Es el mismo autor del texto quien los ordena y organiza según sus objetivos, de forma que cada proceso puede actuar más de una vez en cualquier momento de la composición.

Por tanto, resulta muy eficaz para paliar los bloqueos y centrar al escritor en lo que quiere decir. Son múltiples las veces que se han perdido los escritores en la lírica y en un inútil fluir de la conciencia y no han sido capaces de producir un texto en condiciones. Dejan volar la inspiración y se terminan encontrando frente a treinta folios cuyo mejor destino no es otro que la papelera. No están centrados y desconocen cómo funciona el cerebro. Escribir es un acto planificado, no existe la improvisación y, para ello, hay que prepararse.

¿En qué consiste el modelo Flower – Hayes ?

El modelo de Flower – Hayes consta de tres unidades: la situación de comunicación, la memoria a largo plazo del escritor y los procesos de escritura. La situación de comunicación incluye el problema retórico que se plantea y el mismo texto que escribe para resolverlo, en todas sus fases de gestación. En cambio, la memoria a largo plazo y los procesos de escritura ocurren en el escritor, en su cerebro. La memoria a largo plazo almacena todos los conocimientos sobre el tema del texto, sobre la audiencia o sobre los distintos tipos de texto que puede escribir. La tercera unidad, los procesos de escritura, está formada específicamente por los procesos básicos de planificar, redactar y examinar.

Sin duda, la mejor manera de analizar a composición de un texto escrito sería observando el proceso en acción. Lo lamentable es que una buena parte del proceso de composición ocurre en el cerebro del escritor y, por tanto, es interno y no observable. Para paliar dicho inconveniente el escritor debería escribir un texto y, cuando lo hubiese terminado, debería explicarse todo lo que estuvo haciendo, desde el principio hasta el final.

Otra forma sería realizar un análisis protocolario donde el escritor no analiza ni juzga lo hecho, sino que lo verbaliza conforme escribe y dice en voz alta todo lo que hace en el momento que lo hace. De esta manera, verbaliza el proceso de composición y el análisis incluyendo detalles importantes que no aparecerían en el otro tipo de análisis, tales como las vacilaciones, los rodeos, los errores, las frases inacabadas o las ideas que después se desestimarán.

Ventajas de escribir con la cabeza

Estos son dos ejercicios que todo escritor debería practicar y, una cosa muy importante, ¿no es lo que se termina haciendo al finalizar un escrito y revisarlo? Lo que proponen estos ejercicios es adelantarse a la acción de revisar de manera que, terminado un cuento o una novela, muchos aspectos ya habrían sido tratados durante el proceso de escribir y lo producido resultará mucho más enfocado a nuestros propósitos.

Baste por hoy conocer estas formas de ejercitación que, con la práctica, resultarán muy beneficiosas para producir buenos textos desde el principio. En definitiva, este análisis introspectivo no es tan exhaustivo y detallado y resaltará todo aquello que los escritores creen que deberían haber hecho.

Luife Galeano

(Continúa…)