¿Qué define a la Nueva Novela Negra Cubana?

La Nueva Novela Negra Cubana es una corriente dentro de los géneros literarios cultivados —tanto dentro como fuera de La Mayor de las Antillas— que ha llegado para quedarse.
No puede hablarse ni de moda ni de fenómeno pasajero. Han pasado ya treinta años de la primera publicación de Pasado perfecto, (EDUG, Universidad de Guadalajara, 1991) por Leonardo Padura.
El número de obras enmarcadas en esta corriente permite que hablemos ya de una literatura negra autóctona. Esta nos muestra la realidad cubana lejos del idealismo comunista y la atractiva imagen de un paraíso del tabaco, el ron y las mulatas.
Las raíces turbias de la Nueva Novela Negra Cubana
Los orígenes de la literatura policial cubana se remontan a la publicación en el año 1926 de la novela colectiva por entregas Fantoches. Luego, autores como Gerardo del Valle, Leonel López-Nussa, Gregorio Ortega y Lino Novás Calvo cultivaron sobre todo el relato breve en Cuba y México.
No obstante la eclosión de la literatura policial cubana ocurrida en el meridiano del llamado quinquenio gris, no tuvo la misma aceptación que la novela por parte de los autores. Desde la década de los 70 del siglo pasado hasta la actualidad, ha discurrido por derroteros estéticos e ideo-temáticos más o menos similares.
Estos se caracterizan por el esquematismo que, en desmedido intento de ideologización, provocará la saturación de los cánones impuestos con una estética rígida y de tendencias extremistas.
¿Rectificando errores o criticando males?
Dentro de la misma corriente del proceso de rectificación de errores convocado por la nación a fines de la década de los 80 (¿Perestroika tropical?), la narrativa cubana y por ende su zona policial, se suma a la perspectiva del cuestionamiento.
Comienza entonces a abordar tópicos como las misiones internacionalistas y la guerra de Angola, lo marginal como fatalidad, la existencia primero y caída después del socialismo en Europa del Este a finales de la década. También, la homosexualidad y otros fenómenos de particular repercusión en la sociedad cubana como el jineterismo y el éxodo.
La narrativa policial cubana se incorpora entonces a la estética naciente a partir del punto de giro que presupone para la literatura policial cubana la tetralogía Las cuatro estaciones de Leonardo Padura. Es partiendo de los tópicos establecidos por estas figuras y en el contexto de un movimiento literario más heterodoxo, que otros autores asumieron la escritura del relato policial breve.
Esto propició que la narrativa policial cubana de los últimos años exhiba un extenso diapasón de estilos. Estos se mueven desde el más crudo realismo hasta lo fantástico y el absurdo. Así, se desplazan desde lo puramente anecdótico hacia los mundos interiores y las reflexiones psicológicas de los personajes. De la escritura clásica del género a experimentaciones estilísticas postmodernas, nace la Nueva Novela Negra Cubana (NNNC).
Características únicas de la Nueva Novela Negra Cubana
La narrativa policial cubana actual exhibe una serie de rasgos que la insertan en el amplio concierto de la nueva (y también novísima y postnovísima) narrativa. A la vez, la identifican como un fenómeno literario independiente.
Estos son:
La desacralización del héroe
Se observa en la mayoría de los autores la intención de alejarse de la imagen del policía perfecto que proponía la literatura policial cubana de las décadas del 70 y 80.
Algunos colocan a su personaje protagonista en un ambiente social y familiar desordenado. Este, en muchas ocasiones, nos deja en el fondo el sabor a caricatura a partir del prototipo de Mario Conde. En otras sí se observa un trabajo de prospección psicológica más profundo, que nos pone delante de un personaje totalmente verosímil.
A la par de esto —en contraste con la literatura criminal del resto del mundo contemporáneo— hay una tendencia a la búsqueda del héroe individual. Tal vez es una tardía respuesta al dogma del héroe colectivo de la literatura policial cubana del período gris —“marca de calidad” obligatoria si deseabas ser publicado.
Personajes novedosos y raros en la realidad cubana
La NNNC no solamente nos trae al héroe solitario, investigador por cuenta propia. Algunos autores nos sorprenden incorporando figuras inusuales en el imaginario de la narrativa nacional, como el asesino en serie o el narcotraficante.
En algunas ocasiones, lo consiguen narrando la historia desde la perspectiva del absurdo. Otras veces, consiguiendo un extrañamiento de la historia.
Exploración a diversos niveles de realidad
La Nueva Novela Negra Cubana es realista por antonomasia. Esa afirmación ha determinado que, en muchas ocasiones, los autores del género se aferren a una narración testimonial.
La narrativa policial cubana tiene, en la mayoría de los casos, referente en la realidad social inmediata. La prostitución, la emigración ilegal y el tráfico y consumo de drogas se supeditan en la anécdota a fenómenos sociales como el travestismo, la corrupción administrativa y el tráfico de personas.
Sin embargo, muchos de los autores que escriben la NNNC han explorado en sus relatos otras zonas de la realidad, incorporado figuras propias del relato fantástico a la trama.
El uso de recursos lúdicos
Los juegos literarios son muy comunes en algunos cultores la Nueva Novela Negra Cubana.
La intertextualidad, la parodia, la construcción y deconstrucción de la historia y la variación de puntos de vista enriquecen la narración y resultan ya marcas de estilo de algunos de los autores de estas corrientes literarias.
El punto de vista del otro
La narrativa policial cubana actual no es narrada solamente desde el punto de vista del héroe. Además de la voz de la ley y la justicia, se escucha la voz del criminal.
El perdedor también cuenta su historia, con su propio lenguaje y desde su propia ética marginal. Así, se acerca al lector a una perspectiva de lo que se ha llamado neocriminal cubano.
La libertad creativa
La mayoría de los autores del nuevo relato policial cubano no están encasillados como autores del género policial. Es cierto que algunos han llegado al género de manera involuntaria. Pero también lo es que la mayoría se han acercado a este en busca de sus amplias posibilidades expresivas.
Se observa una ruptura con el concepto vergonzante del escritor policial y muchas de las más importantes voces de la vanguardia de la narrativa cubana contemporánea —incluso algunas que provienen de la poesía—asumen el género como una alternativa.
La Nueva Novela Negra Cubana: un grito contra la (¿auto?) censura
La gran diferencia entre lo escrito hasta la irrupción de Leonardo Padura, considerado como punto de giro en el género y la Nueva Novela Negra Cubana, radica en su génesis. Esta forma de enfrentar el género surge de una necesidad irrefrenable de los artistas cubanos a retorcer el discurso sobre la realidad. Es agobiante la cantidad de obras que nos oprimen por no decir lo que quieren decir.
Se supone que el género policiaco es válido para la expresión no comprometida con el entorno político. Se deduce que matar a un personaje, perseguir a un asesino, ofrecer peripecias y encrucijadas y que los buenos y los malos cumplan su papel es suficiente. La NNNC abre el telón y es en ella en que, a partir de la realidad se mueven los personajes, se esboza la sociedad cubana como telón de fondo para continuar el ya trillado camino de la literatura policial.
En la Nueva Novela Negra Cubana el autor pone en primer plano la grotesca realidad. En todos los casos, la responsabiliza de una manera muy sui generis. La plasma como el motor que provoca todos y cada uno de los sucesos acaecidos en sus personajes. Así, logran decir lo que tienen que decir convirtiendo el asesinato, por fin, en un mero recurso para recorrer la realidad.
La Nueva Novela Negra Cubana: un género que vibra con la cruda verdad
La Nueva Novela Negra Cubana prescinde de la búsqueda del asesino. En casi ninguna de estas obras el motivo policial es el centro, por lo que las soluciones son únicas en su esencia. No hacen falta prototipos, no existen. Sus personajes y sus motivos son el producto final que persiguen y que, curiosamente, nunca encuentran respuesta.
Por otra parte, estas llevan una altísima carga erótica alejada del gran estereotipo. La sexualidad en Cuba ya nada tiene que ver con la espontaneidad. Lo que queda de ella está en sus calles. Ya no se ofrece como flor, sino que es oscura, sin sueños y sin esperanzas.
Ahora es un impulso, una falsa libertad, un desahogo ahogado en sí mismo. La Nueva Novela Negra Cubana se mueve a partir de la desilusión y no ofrece soluciones. Ni siquiera en lo que técnicamente podríamos llamar el hecho policial.
Sin puertos seguros a la vista
Este nuevo movimiento se engarza de forma deslavazada dentro del conjunto de colecciones que se divulgan en Cuba, siempre marcada por la Espada de Damocles de la censura oficial. Como consecuencia, la narrativa policial cubana se encuentre desgranada en decenas de libros a lo largo y ancho de editoriales y revistas cubanas y extranjeras.
Es válido que el relato policial nacional viaje por Cuba y por el mundo, sin etiqueta distintiva y como parte del cuerpo mayor que es nuestra narrativa, sin exclusiones ni prejuicios. Pero la triste realidad es que, por su carga crítica y específica, no abundan las oportunidades de publicación dentro del país.
Solo un puñado de autores ha conseguido una difusión más o menos amplia de obras que pueden enmarcarse dentro de la NNNC, al publicar amparados bajo la sombrilla de grandes editoriales. Dentro de ellos destacan figuras como el propio Leonardo Padura, Amir Valle, Lorenzo Lunar o Vladimir Hernández. Pero ellos son solo la punta del iceberg de muchos escritores que, dentro y fuera de la Isla, se empeñan en contar historias que se enmarcan en esta nueva corriente.
La editorial Atmósfera Literaria, con todas las limitaciones y retos que esto implica, ha decidido dar puerto seguro a lo mejor de este nuevo movimiento literario. Con figuras tanto noveles como consagradas, se precia de poner a la disposición de los lectores un amplio catálogo de autores de la NNNC.
